Una no conformidad en construcción es una desviación respecto a lo especificado en el proyecto, el pliego, el plan de control o un procedimiento, ya sea en un material recibido o en una unidad ejecutada. Gestionarla bien significa registrarla junto al requisito, contenerla, entender por qué ocurrió, decidir con quien tiene competencia cómo tratarla, verificar el resultado y aprender del historial.

Grieta vertical en un paramento enlucido

Qué es una no conformidad y en qué se diferencia de un repaso

La clave está en el requisito. Para hablar de no conformidad tiene que existir algo escrito con lo que comparar: una cota del plano vigente, una prescripción del pliego, un criterio del plan de control o un paso de un procedimiento de la constructora. Sin esa referencia hay una opinión, y discutir opiniones en obra cuesta más que corregir defectos.

La frontera con el repaso no siempre es nítida. Un golpe en un rodapié es un repaso. Si los rodapiés de toda una planta se despegan porque se pegaron sobre un soporte húmedo, conviene tratarlo como no conformidad, porque hay una causa que puede repetirse en la planta siguiente.

Cuatro registros que suelen confundirse en obra
RegistroQué lo defineEjemploCómo se cierra
No conformidadIncumplimiento de un requisito escritoArmadura de un muro con una separación distinta de la del planoTratamiento decidido y verificación con evidencia
Incidencia o repasoDefecto puntual de acabado, daño o remate pendienteGolpe en una puerta ya colocadaCorrección comprobada por el encargado o por quien la señaló
ObservaciónAviso de un riesgo o de una práctica mejorable, sin incumplimientoAcopio de placas expuesto a la lluvia, todavía sin dañosToma de conocimiento y, si procede, una medida preventiva
Consulta o RFIFalta de definición o contradicción del proyecto, sin nada mal ejecutadoEncuentro entre fachada y forjado que no aparece en los planosRespuesta de la dirección facultativa

Del aviso al cierre: las fases de una no conformidad

Las fases son las mismas para todas; con la gravedad cambian la profundidad de cada una y las personas que intervienen.

  1. Detección. Puede venir de una inspección, de la recepción de un suministro, de un ensayo, de una visita de la dirección facultativa o del aviso de un operario. Cualquiera debería poder avisar.
  2. Registro. La ficha se abre en el momento, no el viernes por la tarde: un registro tardío se parece más a una reconstrucción que a un dato.
  3. Clasificación. Se asigna una gravedad según lo que está en juego, desde la resistencia o la seguridad de uso hasta el simple acabado, y un origen. La gravedad decide quién debe enterarse y quién puede decidir.
  4. Contención. Antes de buscar la solución se evita que el problema crezca o quede oculto: se para el tajo, se aparta el lote sospechoso o se impide que entre el oficio que lo taparía. Es la fase que más se olvida.
  5. Análisis de causa. Se pregunta por qué ocurrió, y por qué ocurrió eso, hasta llegar a algo sobre lo que actuar: un plano ambiguo, una recepción que no se hizo o una cuadrilla nueva sin instrucciones. Culpar a un operario rara vez sirve, porque no dice qué cambiar.
  6. Tratamiento. Reparar para que cumpla, demoler y rehacer, sustituir el material o dejarlo como está. Esta última opción exige que alguien con competencia técnica sobre lo afectado la justifique por escrito.
  7. Acciones correctivas y preventivas. Si la causa puede repetirse, se actúa sobre ella con responsable y fecha, por ejemplo cambiando un procedimiento o añadiendo un punto de parada. La preventiva lleva la lección a tajos y obras donde aún no ha fallado nada.
  8. Verificación. Comprueba el resultado alguien que no hizo la corrección, y deja evidencia: una foto, una medición, un ensayo o la prueba repetida.
  9. Cierre. Se hace con la corrección verificada y las acciones sobre la causa asignadas. Las que van para largo se siguen aparte para no perderlas al archivar la ficha.

Quién decide qué en una no conformidad

Quien detecta una no conformidad no siempre puede decidir qué hacer con ella. El reparto habitual en edificación, que el contrato y el plan de calidad de cada obra pueden ajustar, es este:

  • Constructora: registra y gestiona la mayoría de las no conformidades y organiza la corrección. La LOE le encarga ejecutar con sujeción al proyecto y a las instrucciones de la dirección facultativa, así que una desviación de lo proyectado no debería darse por buena solo con su criterio.
  • Subcontratas y proveedores: corrigen lo que ejecutaron o suministraron y aportan la prueba; pueden proponer soluciones, no aprobarlas.
  • Director de ejecución de obra: dirige la ejecución material, verifica la recepción de los productos y ordena ensayos y pruebas, por lo que es el interlocutor natural en las no conformidades de materiales y de ejecución que afectan a lo proyectado.
  • Director de obra: resuelve las contingencias e interpreta el proyecto; interviene cuando el tratamiento cambia una solución proyectada o acepta algo que el proyecto no prevé.
  • Laboratorio y entidad de control: aportan ensayos, pruebas y asistencia técnica en la verificación de la calidad, y según la LOE entregan sus resultados a quien les hizo el encargo y, en todo caso, al director de ejecución. Sus informes son datos para decidir, no la decisión.
  • Promotora: conviene que conozca las aceptaciones sin reparar que afectan a lo que va a recibir, y su conformidad puede ser necesaria si la solución altera lo contratado.

Cómo redactar un registro de no conformidad que sirva

Una ficha útil se entiende sin haber estado allí. Si alguien la lee dentro de un año, debe saber qué se exigía, qué se encontró y dónde, qué se decidió, quién lo decidió y cómo se comprobó.

Escribir que el solado está mal colocado no permite actuar ni verificar. Escribir que en el salón del segundo B hay cejas entre baldosas superiores a la tolerancia del pliego, medidas con regla en puntos marcados en plano, sí lo permite.

Una ficha bien redactada tiene además otro uso: el Código Técnico de la Edificación prevé que la documentación de calidad de la constructora sobre las unidades de obra pueda formar parte del control de calidad si lo autoriza el director de ejecución. Campos que no deberían faltar:

  • Requisito incumplido con su referencia: plano y revisión, apartado del pliego o punto del plan de control.
  • Hecho observado con medidas, sin adjetivos, y método de comprobación.
  • Ubicación precisa y evidencias: fotos con referencia de escala, albaranes o actas de ensayo.
  • Gravedad y origen según las categorías de la empresa, nunca con palabras libres.
  • Contención, causa y quién participó en el análisis.
  • Tratamiento, autor de la decisión y justificación si se acepta sin corregir.
  • Acciones sobre la causa, verificación con fecha y persona, y fecha de cierre.

Aprovechar el historial para que no se repitan

Juntas, las fichas cerradas de una obra, o de varias, muestran patrones que una a una no se ven: el mismo encuentro mal resuelto en cada planta, el mismo proveedor con la documentación incompleta, el mismo trabajo que siempre se tapa sin inspeccionar.

En las empresas con un sistema de gestión basado en ISO 9001 esta revisión es central, porque la norma se apoya en tratar las causas y comprobar que las acciones funcionan. Sin certificación, la lógica es la misma:

  • Reserva un punto fijo en la reunión de calidad para revisar las fichas agrupadas por unidad de obra, origen, subcontrata y proveedor.
  • Busca causas repetidas, no solo síntomas: defectos distintos pueden nacer de la misma recepción mal hecha.
  • Convierte cada patrón en un cambio concreto, como un punto de parada nuevo, una condición en el contrato de la subcontrata o una comprobación en el control de recepción.
  • Lleva las lecciones al arranque de cada obra nueva.
  • Si el mismo fallo sigue apareciendo después del cambio, la causa elegida no era la buena.

Ejemplo ilustrativo: probetas de hormigón por debajo de lo especificado (caso hipotético)

En una obra imaginaria de un edificio de oficinas, el laboratorio comunica que las probetas de un lote de hormigón del forjado de planta segunda no alcanzan la resistencia especificada en el proyecto. El resultado llega al director de ejecución, que ordenó los ensayos, y a la constructora.

El técnico de calidad abre la ficha con el requisito del proyecto, el acta del laboratorio, los albaranes del lote y la zona hormigonada marcada en plano, y la clasifica como mayor por afectar a la estructura. Como contención, el jefe de obra evita cargar esa zona con acopios y aplaza los trabajos que la taparían hasta que haya una decisión.

El tratamiento no lo decide la constructora. La dirección facultativa ordena ensayos complementarios sobre el propio forjado y, con sus resultados, concluye que el elemento puede aceptarse tal como está, con la justificación por escrito. Si la conclusión hubiera sido otra, el tratamiento habría pasado por un refuerzo o por demoler el tramo.

El análisis de causa revela que, tras el retraso de varios camiones, se añadió agua en obra para facilitar el vertido sin que nadie lo autorizara ni lo anotara. La acción correctiva prohíbe por escrito cualquier adición sin autorización y añade a la recepción la comprobación de los tiempos que figuran en el albarán; la preventiva la extiende a las demás obras.

Lista de comprobación para revisar una ficha de no conformidad

  • Cita el requisito incumplido con su referencia exacta.
  • Describe lo encontrado con datos medibles y una ubicación precisa.
  • Recoge la contención aplicada y desde cuándo.
  • La causa anotada va más allá de señalar a una persona.
  • Indica quién decidió el tratamiento y, si se acepta sin corregir, con qué justificación.
  • Separa la corrección de las acciones sobre la causa, cada una con responsable y plazo.
  • La verificación la firma alguien distinto de quien corrigió, con evidencia adjunta.

Preguntas frecuentes

¿Una no conformidad obliga siempre a demoler lo ejecutado?

No. Demoler y rehacer es solo una de las salidas, junto a reparar, sustituir un material o aceptar lo ejecutado tal como está. Cuando la reparación o la aceptación afectan a lo proyectado, la decisión no corresponde solo a la constructora y debe quedar escrita con su justificación técnica.

¿Hay que comunicar todas las no conformidades a la dirección facultativa?

Qué se comunica y cómo suele fijarlo el plan de calidad o el contrato. Como criterio práctico, conviene comunicar siempre las que afectan a lo definido en el proyecto, a la estructura o a las prestaciones del edificio, y todas aquellas en las que se plantee aceptar sin corregir. Las menores que la constructora resuelve dentro de su autocontrol pueden quedarse en su registro, disponible si la dirección lo pide.

¿Quién paga la corrección de una no conformidad?

Lo determinan los contratos y el origen del problema. Si el fallo es de ejecución o de suministro, lo habitual es que lo asuma quien ejecutó o suministró, según lo pactado con la constructora. Si nace de una indefinición o de un error del proyecto, la cuestión se trata con la promotora y la dirección facultativa. Por eso la clasificación por origen y las evidencias de la ficha pesan tanto cuando aparece una discrepancia.

Fuentes